Llegamos algo maltrechos a la estación de la localidad de Stavanger. La noche en el tren no fué muy cómoda, pero rápidamente nos pusimos en modo viaje, y toda dolencia desaparecería. Nos hospedábamos en el hostal "Stavanger Bed & Breakfast", y hacia allí nos dirigimos para dejar la maleta, y preparar la mochila para la excursión. El trato fué muy cordial, y como no eran horas de hacer Check ins, nos prestaron un despacho para cambiarnos de ropa y dejar las maletas... que confiados son esta gente...
El hostal se encuentra muy cerca del puerto, así que llegamos enseguida para coger el ferry que va de Stavanger hacia Tau, y desde allí coger un bus para llegar al pie digamos del Púlpito. 400 coronitas ferry + bus incluidos.

Una vez nos dejó el bus nos esperaban unos 4 kilómetros de ascenso, todo ello acompañado con nuestra nueva amiga: la lluvia.
Nena: y ahora por donde vamos?
Nene: Ves aquella cataratilla de alli en frente?
Nena: Si
Nene: Pues por alli tenemos que subir.
Y es que, en ese punto, y cuando más llovía, teniamos que pasar una parte de la ruta que prácticamente era ascender por un riachuelo durante un buen rato. Lo peor nos adivirtieron, sería bajar. Pero bueno, pa'lante.
El recorrido era bonito, con bastante posibilidades fotográficas, con permiso de la lluvia claro, que parecía ir y venir a visitarnos a su antojo, todo ello sin nunca despegarnos de unas cada vez más amenazantes nubes negras.
Y seguiríamos subiendo, muy mojados, cubriendo la cámara de fotos con nuestras
Dadas las circunstancias, el pensamiento de llegar al final del trayecto y no ver absolutamente nada, era alimentado a su vez por las opiniones que escuchabas de las pocas personas que venían de vuelta y te cruzabas en el camino... Aún así, eramos optimistas, y disfrutábamos de las vistas que nos permitía el ir ascendiendo cada vez más.
Hasta que finalmente llegamos al final del trayecto y... cual fué nuestra sorpresa, que precisamente en ese instante, asistimos atónitos a lo que fué un espectáculo visual que nos dejó sin palabras, las nubes se dispersaron lo suficiente en el mismo instante que llegamos a la cima para mostrarnos, en todo su esplendor, y desde 600 metros de altura, el fiordo el cual llaman "de la luz". Nunca habíamos visto nada parecido, en algunas fotos, sí, pero nada comparado con estar allí encima. Me sentía pequeño entre aquella inmensidad, y algo acojonado cuando andaba cerca del precipicio, lugar donde tomamos nuestro almuerzo, donde al menos al fin, pudimos cerrar la boca a ratos. El estómago y los huevecillos subieron un escalón su habitual posición en el cuerpo...

Después de nuestro almuerzo, y justo cuando nos disponíamos a descender, llegaron nuevamente las nubes y la lluvia, momento en el que decidimos irnos para coger el autobús de vuelta... Menuda chorra habíamos tenido. Mereció la pena todo aquel ascenso lluvioso y gris por el cual el "karma"nos compensó en la cima.
Anécdotico también fue nuestro regreso, el cual en el ultimo tramo, y viendo que perdíamos el bus, y tendríamos que esperar dos horitas para el siguiente, nos desviamos hacia la carretera corriendo, interceptando al bus el cual paró nada mas vernos, provocando la risa del personal que se encontraba de regreso.
Con esas dos horas que ahorramos, pudimos visitar Stavanger; un lugar precioso de calles encantadoras, y barrios tranquilos... al parecer, ello iba a ser una especie de constante en las localidades noruegas, mientras tanto, en nuestras mentes y conversaciones, persistirian con clara monopoliedad, aquel paisaje impactante que pudimos divisar desde lo alto del Púlpito...
Y para despedir el dia, una especie de Gofres con Nocilla o Mermelada en el hostal, gratis!! así que nos pusimos las botas y repetimos.
Continuará...
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